NO HAY FORMA
No hay forma de que llueva. De chico llegué a confiar en el efecto rogativa de mi canto, cuando en misa las beatas volteaban el cuello a la que me arrancaba. Pero debió quedarse por el camino, como los domingos de fútbol desde el tendido de los sastres, las tardes inacabables de balón, cesto y …







