TURILEDA

Una semana antes de su centenario, día más día menos, todos los hijos conocidos de Clemente Portocarrero Ayerbe de los Cobos Peñalvira recibieron un mensaje de su puño y letra ordenándoles presentarse tan señalada fecha en la finca familiar de Turileda “antes de la  cena sin falta, si queréis ver un duro en el testamento”. Alarmados e intrigados a partes iguales, tras confirmar por teléfono con su hermano pequeño Abel, el único que le aguantaba desde hacía años, que no había perdido el juicio, se pusieron de inmediato a la ardua faena de cambiar sus planes de Navidad sobre la marcha, fuera por el fatal imperativo de la sangre, fuera por la elevada probabilidad de ser la última ocasión de ver en vida a su progenitor, o por el riesgo, aún mayor, de que cumpliera su palabra. Conscientes todos ellos de que si Clemente nunca en su dilatada vida se había andado con chiquitas, acostumbrado a hacer de su capa un sayo de la mañana a la noche, a las puertas de la muerte todavía menos.


En el ocaso de su vida, el famoso general Portocarrero se retira a la finca familiar de Turileda dispuesto a librar su batalla final. Sus hijos acuden a rebato a su última llamada, en lo que intuyen un viaje iniciático a sus orígenes, tan inevitable como temido, que atraviesa el siglo XX. Su destino se entrecruzará con el de una pareja de mochileros que, toda una vida después, intentan rebobinar las manecillas de su reloj y resucitar su historia.

Amores fatales, secretos de confesión, el laberinto de las drogas,  guerras, dramas familiares y políticos, los límites del deber y de la ambición, el misterio de la fe, el ostracismo femenino, la España que se vacía, las segundas oportunidades. Todo eso es Turileda.

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