EL CORDERO CARNÍVORO

¿Cómo es posible que, venciendo tus escrúpulos iniciales, te deje pegado el culo al sillón un libro sobre (entre otras cosas) el incesto? La única respuesta que se me ocurre, que en sí misma no deja de ser una pregunta, un gran misterio (si no lo fuera, todos seríamos genios) está en el poder demiúrgico de la escritura. En la forma de abordar un tema central que, por mucho que te repugne, y te cueste hasta su propia consideración, el autor consigue que llegues casi a normalizar durante trescientas setenta páginas, por obra y gracia de la magia de las palabras, del magnetismo de un narrador tan singular y provocador como elegante y brutal, todo ello mezclado en las dosis justas y servido en bandeja de plata al lector, para que hasta el más incrédulo crea.

Igual eso es la literatura. El ser capaz de hacerte comulgar con ruedas de molino. El volcar el reloj de arena que desgrana tus rutinas para introducir en tu cabeza por el tiempo (entre paréntesis) que dura un libro lo que sin él jamás formaría parte de tu tiempo (real). Qué fácil es escribir sobre lo visible, sobre lo que concita nuestra sonrisa, sobre la luz, sobre el aplauso seguro. Lo difícil es plasmar en palabras el pecado, el vicio, la injusticia, la maldad, ese lado oscuro que todos sospechamos que nos ronda y al que siempre evitamos asomarnos, escudados en el vértigo, en ese  miedo a que se descuadren los cuatro puntos cardinales de nuestra existencia que igual que nos ubican nos protegen de lo de fuera, no sea qué.

“En mi noche de bodas, la boca me sabía a arena y, a pesar del amor y de la esperanza, no me sentí poseída por un hombre, sino violada por un cadáver”. “Con la ausencia de mamá, todos nuestros mecanismos psicológicos se oxidaron por falta de uso. Sin su odio, ¿qué sentido tenía nuestro amor?”. “Los hombres son simples elementos añadidos, enfermedades que nos injertan artificialmente para ayudarnos a morir con mayor rapidez”. “Te quiero porque… me gusta la destrucción y que tú y yo no constituimos un penoso futuro de amor eterno”.

Gracias al consejo sabio de @trinidadgallart_ he descubierto un autor poderoso, de los que te sacuden a cada paso de hoja en la cara. De los que te transportan a esos universos que prefieres ignorar, aun sabiendo que existen. De los que, quizá, hubieras preferido ignorar. Imperdible.

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