un corazon demasiado grande

Un corazón demasiado grande

¡Qué difícil es escribir un cuento! En unas pocas páginas debe comprimirse un mundo entero, surgido de la nada. Y sin el espacio ni el tiempo del que toda novela dispone para excusarse divagando mientras crece, ni la coartada abstracta del poema, justificado en su propia inmediatez.

Eider Rodríguez tiene esa facilidad para, con las pinceladas exactas, situarte y embarcarte en el relato nada más subirte a él, y no soltarte hasta llegar a puerto. Y eso se llama talento. Para las imágenes potentes y concisas, para los detalles reveladores, para que la evidente sensibilidad extrema de la narradora no te abrume, sino que te deslumbre lo justo para permitirte continuar («Cuando cierras los ojos de golpe ves plumas de pavo real», «Escuché mi nombre convertido en grito. Era mamá desde la cocina. Fui hacia ella convertida en una niña. Le brillaban las manos por las tripas de los calamares», «La leche fresca del amanecer se mezcla con las últimas colillas de la noche», «Estaba hermoso al borde de la muerte»).

Hay cuentos magistrales que por sí solos justifican su lectura, como «Y poco después ahora» y «Lo que se esperaba de mí», en los que aborda temas tan candentes como el despertar a la vida de una chica de clase obrera o el día a día de la vida en el pueblo de la novia de un etarra huido, con una óptica tan original como certera. Por poner un pero, que no empaña el acierto global del libro, algunos finales pretendidamente naturales, como queriendo huir de lo artificioso, resultan algo fríos, con la impronta interrogante de lo inacabado.

Totalmente recomendable.

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