hoy hace justo un año

Hoy hace justo un año

Hoy hace justo un año del día en que supimos por fin que todos somos iguales.

Mis hijas. El albañil que retejaba la casa de enfrente. La cajera del supermercado. Ese compañero que te apuñala la espalda al girarte. El fantasma de aquella novia que se te aparece al cerrar los ojos. El loco de la barbita que, Biblia en mano, predica el fin del mundo a las puertas de misa de una. Mi mejor amigo. Rosmery, la chica boliviana que cuida de tu madre impedida. Aquel pastor de cabras de Loja zambo y culón que te tocó al lado en la mili y con el que, caprichos del destino, hermanaste tanto que te duele hasta el recuerdo. El Caracolillo, siempre con Antonio Molina en la boca y el corazón por fuera, siempre en lucha con ese otro virus que una noche tonta, a traición, le apuñaló las venas mientras soñaba con su bebé y se reía asomado al Júcar. El último ganador del premio Planeta. El penúltimo. El bancero que te precede y resuella como un gorrino al final del tranco. La samaritana de los ojos poseídos bajo los tirabuzones rubios. Tu quiosquero. El portero de finca que no para de cascar los sábados en el grupetto mientras chupa rueda. El húngaro de los ojos excavados que cada mañana cruza el semáforo con su sillita al brazo y su acordeón al hombro hacia su esquina. El médico de tus hijas, q.e.p.d. Tú.

Hoy hace justo un año que un virus nos declaró oficialmente la guerra.

La mayoría seguimos en la trinchera, esperando a Godot mientras intentamos sobrevivir, procurando obviarlo, de puro agotamiento.

Muchos no lo han conseguido.

Y algunos siguen librando la batalla por su cuenta, como si no fuera con ellos.

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